El sueño de una remodelación del Estadio Atahualpa: Una mirada hacia un modelo integral y sostenible

Los modelos de Lima y Bogotá

El modelo de gestión que se ha trazado para la renovación del también emblemático estadio Nemesio Camacho “El Campín” de 87 años de antigüedad podría derramar luces interesantes en la forma como se podría configurar el proyecto de un “Nuevo Atahualpa”, no solo por la cercanía geográfica sino también por su legado histórico y los antecedentes para su construcción.

A diferencia de Quito, el estadio bogotano es propiedad de la Alcaldía a través del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD). Recientemente, luego de un proceso abierto de licitación pública, esta entidad otorgó al grupo SEINCA la concesión de este bien a cambio de la reconstrucción del estadio, que de acuerdo a los renders tendrá un formato vanguardista de techo retráctil. El proyecto también contempla un desarrollo urbanístico integral de esta zona con la construcción de otros espacios para emprendimiento y actividades culturales que incluyen un nuevo auditorio para la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Según datos deInfobae, el proyecto generará 2.500 empleos directos y 7.000 en la fase de construcción.

Este consorcio privado, ya ha recibido algunas críticas por el modelo de alianza pública-privada, una vez que fue el único ofertante en el proceso de licitación. Desafíos adicionales a los que se enfrenta el modelo son: el manejo y repartición de los ingresos entre el consorcio y la Alcaldía, la injerencia de los herederos de Nemesio Camacho quien donó los terrenos en 1938, las condiciones de negociación con los 2 clubes de la ciudad, Millonarios y Santa Fe, que serán los principales beneficiarios de esta infraestructura, entre otros.

Otro modelo interesante fue el adoptado por Lima en 2011 para la remodelación de su Estadio Nacional, que pertenece al Gobierno de Perú y es contemporáneo con nuestro Atahualpa. El estadio, que fue una de las sedes de los Juegos Panamericanos 2019, fue remodelado por el Instituto Peruano del Deporte (IPD) a través de la Universidad Nacional de Ingeniería, con un costo aproximado de USD 70 millones de esa época. Su principal característica es una fachada vanguardista que se asemeja al Allianz Arena de Munich. También se adecuaron suites y un espacio gastronómico de alto nivel.

También a través de un modelo de alianzas, el IPD recientemente anunció una nueva remodelación que apunta a cumplir estándares internacionales que permitan al Perú albergar nuevos torneos internacionales en cooperación con la CONMEBOL. En una segunda remodelación se aumentará la capacidad a 50 000 espectadores y removerá la pista atlética y reforzará su seguridad. Más allá del impacto que ha tenido en el sentido de pertenencia de los peruanos y el hecho de que Lima se ha ganado el distintivo de capital deportiva, esta inversión de fondos públicos también ha recibido críticas por la falta de infraestructura deportiva de Lima a nivel formativo y recreativo y por el uso recurrente que se le ha dado para eventos no deportivos.

El riesgo de un nuevo elefante blanco

Muchos clubes y dueños de espacios deportivos están dirigiendo sus esfuerzos para la construcción o mejora de sus estadios por la alta rentabilidad que esta inversión puede generar. Aunque desde el lado privado, estos logros son admirables, como el estadio de Independiente del Valle o la remodelación del Santiago Bernabéu en España, cuando el dinero empleado se apalanca de recursos públicos, el análisis debe tomar otros matices.

Numerosos son los casos que evidencian despilfarros que aún siguen siendo pagados por los contribuyentes. En Grecia, por ejemplo, luego de los Juegos Olímpicos 2004, gran parte de la infraestructura deportiva se encuentra destruida. Como en otras sedes olímpicas, el estadio de Atenas, que tuvo una inversión de USD 450 millones, ha quedado relegada para conciertos y esporádicos partidos del equipo nacional. El Moses Mabhida de Durban en Sudáfrica, sede de la semifinal del mundial 2010, también se encuentra subutilizada con una asistencia media de 2000 asistentes a partidos de fútbol, ya que el deporte oficial es el rugby. Más cercano a nuestra realidad, el estadio Mané Garrincha de Brasilia, capital de Brasil, que tuvo un costo de USD 600 millones (IEXE,2024) a valor actual, hoy es escenario de bodas y actos religiosos.

El caso de las infraestructuras estadounidenses es llamativo, no tanto por los volúmenes de inversión que se consiguen para estadios como el Sofi Stadium que tuvo un costo de USD 5 billones. Los modelos mixtos en los que las municipalidades locales inyectan fondos de manera directa o a través de otras concesiones suelen ser comunes. Según NCSL (2025), la construcción del Mercedes Benz Arena de Atlanta, que de hecho será sede de una de las semifinales del próximo mundial,  tuvo un costo de USD 1.6 billones de los cuales USD 200 millones provienen de fondos públicos apalancados en bonos que serán recuperados vía impuestos locales, con impacto directo en los residentes locales. De manera adicional, la Gobernación invirtió más de 60 millones en un paso peatonal y una mejora para la zona de parqueos. Como parte de los beneficios, los inversores recibirán exenciones tributarias por un extenso periodo de tiempo.

Otra de las discusiones que en algún momento va a trascender es la funcionalidad. La tendencia actual, como en el caso del Monumental de River Plate en Argentina, es prescindir de pistas atléticas para crear una atmósfera más propicia para partidos de fútbol. En el caso de Quito, esto podría limitar en algún momento la posibilidad de acoger alguna competencia de atletismo del ciclo olímpico.

Reflexión final

Aunque por el momento no se vislumbran planes tangibles para un nuevo proyecto, es crucial que la Concentración Deportiva de Pichincha adopte un liderazgo basado en la generación de alianzas de valor compartido que apunten a un horizonte más allá de una mejora temporal del Estadio. Es importante ver de cerca la experiencia que tendrá Bogotá, sin subestimar las implicaciones que podría tener una baja utilización del Estadio y sin descuidar su principal competencia que es el aseguramiento del deporte formativo en la provincia.

Se viene un concierto sin precedentes de Shakira por el récord de haber logrado un “sold out” en 3 fechas consecutivas en noviembre, y quizás algunos partidos de instancias definitorias de la Copa Sudamericana.  Estos recursos deberán servir para cuestiones emergentes y para sentar las bases para un proyecto a largo plazo. El nuevo proyecto deberá responder a criterios de sostenibilidad ambiental con base en una propuesta integral que pueda generar impactos a nivel de urbanismo, cultural y económico en torno a la zona. Como en el caso de Perú, las alianzas público y privados, se perfilan como un camino acertado.

Es un enorme anhelo para quienes amamos al deporte y a esta ciudad que se vengan mejores días para el “Coloso del Batán”. No es momento aún, pero nos encantaría ver que nuestra capital haciendo honor a su condición geográfica esté a la altura de acoger algún evento internacional de gran escala como una final de Libertadores, la misma Copa América y por qué no de unos Juegos Panamericanos como ya sucedió en Lima y Santiago de Chile y como pudo haber ocurrido en 1987 cuando Ecuador tuvo que renunciar a la sede por motivos políticos, económicos, pero sobre todo por la falta de voluntad para lograr un proyecto de ciudad a largo plazo.