Celebración de las contradicciones

Uno de los pensamientos revolucionarios de todos los tiempos dice: “De la contradicción nace la armonía”. Se atribuye esta frase a Heráclito, considerado el padre de la dialéctica.

Se cuenta que Heráclito, hace más de 4000 años fue con su familia a un paseo. Al observar la naturaleza pensó: “Nadie se baña en el agua del mismo río”. Y descubrió la ley del movimiento, conocida como la ley del cambio, que constituye uno de los principios básicos de la filosofía griega, tan importante como el principio de la identidad, el principio de la exclusión y el de la clasificación, fundamentos de la lógica clásica del silogismo y la filosofía de la ciencia creadas por Aristóteles. Mucho después vendrían los aportes de Hegel, Engels y Marx.

La contradicción -explicada por la ley de los contrarios- es fundamental para entender los fenómenos de la naturaleza y los de la vida humana. No significa “llevar la contraria”, sino generar procesos, discursos y lecturas que permitan acuerdos entre dos dimensiones aparentemente opuestas, disímiles o contraproducentes.

La realidad es una construcción compleja de objetos y sujetos que se interrelacionan e interactúan: luces y sombras, bien y mal, blanco y negro, ying y yang, suma y resta, positivo y negativo, cero y uno -fundamento del lenguaje digital-.

Si la composición atómica de los elementos de la naturaleza se expresa en energía, con las categorías mencionadas, con mayor razón el pensamiento humano está imbuido de esas contradicciones que, en su conjunto, producen supuestamente conflictos de diversa laya.

En ese sentido, los conflictos, según Roger Fisher, no son buenos ni malos, sino necesarios y naturales para intentar entendernos, porque son partes constitutivas de la naturaleza humana. Reconocer y entender las diferencias, por lo tanto, son inherentes a la vida, y no componentes de la discordia.

La armonía se nutre de las contradicciones internas y externas reconocidas por la dialéctica. Se habla de leyes que permiten entender cómo funciona el mundo, y la conexión e interdependencia de los fenómenos. La evolución, por ejemplo, es fruto de este proceso de lucha de elementos contrarios para lograr unidad, crecimiento, adaptación, mutaciones y rupturas.

Y aunque no hay una pedagogía exclusiva para comprender el mundo, la dialéctica es útil para entender y negociar conflictos, al admitir las contradicciones y los intereses opuestos de las partes implicadas, y buscar las alternativas de acuerdos en un mundo cambiante.

El método dialéctico es una herramienta poderosa de análisis y pensamiento para los políticos, los economistas, los profesores y todas las personas abiertas a cambios posibles. La democracia es plural; no pensamiento único. Por eso, deberíamos celebrar las contradicciones.