Introducción
Desde el 13 de septiembre de 2025, el Gobierno de Daniel Noboa eliminó de manera sorpresiva el subsidio al diésel tras medio siglo de vigencia en Ecuador. La eliminación de este subsidio representa un giro fiscal muy audaz y controvertido, que podría traer enormes desafíos y una importante oportunidad de mejora para las finanzas públicas de nuestro país.
En esta columna vamos a analizar la historia, razones, impacto y oportunidades que genera esta dura medida económica para el Ecuador. El contenido de la presente columna se basa en los análisis generados por herramientas de IA Generativa como Grok, Claude, Gemini y ChatGPT (Estados Unidos), Qwen y Deepseek (China) y LeChat (Francia). Mi rol, como columnista, ha sido únicamente editar y fusionar estas perspectivas para ofrecer un enfoque estructurado, crítico y basado en datos verificados, alejado de pasiones políticas y enfocado en el valor que este análisis puede aportar para el lector.
Contexto histórico
En Ecuador, el subsidio al diésel se estableció en 1974, durante el régimen militar del general Guillermo Rodríguez Lara, en pleno boom petrolero. Su propósito era estabilizar precios, fomentar el transporte de bienes esenciales y proteger el poder adquisitivo de sectores vulnerables, como agricultores y transportistas, en una economía dependiente del petróleo.
Impacto del subsidio en la economía ecuatoriana
Por décadas, este subsidio ha representado una carga fiscal masiva para el Estado ecuatoriano. Entre 2010 y 2025, Ecuador destinó aproximadamente USD 59 519 millones a subsidios de combustibles, superando el presupuesto anual combinado de salud y educación. Sin embargo, su impacto en la reducción de la pobreza ha sido marginal. Según el INEC, la pobreza por ingresos fluctuó entre el 21% y el 33% de 2014 a 2023, sin correlación directa con el subsidio.
Lejos de impulsar el desarrollo económico del país, el subsidio al diésel fomentó distorsiones como el contrabando de este combustible hacia Colombia y Perú, drenando hasta USD 400 millones anuales, y benefició desproporcionadamente a sectores medios y altos, mientras que una gran parte de la población rural carecía de acceso asequible a transporte público.
Razones para la eliminación del subsidio al diésel
El presidente Daniel Noboa y su gabinete ministerial han justificado la medida como esencial para combatir el déficit fiscal, proyectado en USD 5.625 millones para 2025, y desmantelar un esquema regresivo que promueve la corrupción y el crimen transfronterizo. El Gobierno estima contar con un ahorro anual estimado de USD 1 100 millones. Sin embargo, para obtener el ahorro neto de esta dura medida se debe descontar un paquete compensatorio de USD 220 millones para el transporte. Adicionalmente, con esta medida el Ecuador también busca acceder a financiamiento proveniente del FMI, el cual condiciona préstamos a reformas estructurales, y redirigir recursos a bonos focalizados para vulnerables.
Subsidios a los combustibles en el mundo
En Latinoamérica, los subsidios han sido un arma de doble filo. Por ejemplo, Venezuela, con subsidios masivos que consumen el 10% de su PIB, ha sufrido hiperinflación y una caída del 75% en el PIB desde 2013, sin mejoras sociales. En contraste, Perú eliminó gradualmente el subsidio al diésel entre 2018 y 2022, invirtiendo los ahorros de esta medida en programas sociales que redujeron la pobreza en un 4% y fortalecieron su infraestructura, con un PIB creciendo al 3,5% anual.
México implementó ajustes parciales en 2017, logrando estabilidad fiscal pese a protestas iniciales, mientras que Chile, sin subsidios desde los 90, exhibe una economía estable y un Índice de Desarrollo Humano (IDH) que lo ubica en el puesto 45 a nivel mundial, mientras que Ecuador se ubica en el puesto 88.
A nivel global, Indonesia eliminó subsidios en 2015, ahorrando USD 15 000 millones anuales que fueron redirigidos a salud y educación, reduciendo la pobreza en 2 millones de personas en dos años.
Ecuador, con casi 50 años de subsidio a los combustibles fósiles, se asemeja más a Venezuela en distorsiones, pero podría emular a Perú o Indonesia con políticas sociales y medidas económicas inclusivas.
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¿Qué hacer con el dinero de la eliminación del subsidio al diésel?
La eliminación del subsidio al diésel generará un ahorro anual importante para el Estado ecuatoriano, que no debe evaporarse en excesiva burocracia, corrupción o únicamente en el pago de deuda. La experiencia internacional y regional nos enseña que las reformas de subsidios son políticamente costosas, pero económicamente necesarias. El desafío para el gobierno de Noboa es implementar esta política con transparencia, eficiencia y sensibilidad social, asegurando que los sectores más vulnerables no sean los que más paguen el alto costo de eliminar políticas fiscales insostenibles en el largo plazo.
La eliminación del subsidio al diésel debe verse como la condición necesaria para abrir espacio fiscal a inversiones en áreas críticas:
- Educación: Incrementar y fortalecer la cobertura en todos los niveles educativos y prestar atención a la formación técnica.
- Salud: Reducir la brecha en atención primaria y equipamiento hospitalario.
- Seguridad: Combatir al crimen organizado con mejor infraestructura policial y militar.
- Infraestructura pública: Modernizar carreteras, puertos y telecomunicaciones.
Conclusión
El subsidio al diésel fue, durante medio siglo, una medida costosa y poco efectiva para el desarrollo social. Su eliminación, aunque dolorosa en el corto plazo, abre la puerta a un uso más racional y equitativo de los recursos públicos. El éxito de esta medida no debe medirse únicamente por el ahorro fiscal, sino por la capacidad del Estado para transformar esos fondos en educación, salud, seguridad e infraestructura que impacten positivamente sobre la calidad de vida de sus ciudadanos.