La economía ecuatoriana llegará al cierre de 2026 con mejores señales que las previstas inicialmente. El presidente Daniel Noboa, estima un crecimiento cercano al 3% y el Banco Central del Ecuador (BCE) elevó en septiembre su proyección del 2,5% al 2,7%.
El FMI mantiene una previsión más conservadora, del 2,7%. Más allá de las diferencias, existe una coincidencia: la economía de Ecuador crece.
La principal fortaleza está en que la expansión tiene varios motores. El BCE proyecta que el consumo de los hogares aumentará 3,3%, la inversión aumentará 5,8% y las exportaciones de bienes y servicios avanzarán 3,8%. A ello se suma un crédito al sector privado que aumentaría 10,9%.
Los resultados recientes respaldan parcialmente ese escenario. El PIB creció 2,1% interanual durante el segundo trimestre y 15 de 20 industrias registraron expansión. El consumo de los hogares aumentó 3,5% y la inversión 10%. Además, la economía acumuló tres trimestres consecutivos en fase expansiva desde finales de 2025.
En el frente externo también aparecen oportunidades. Las reservas internacionales alcanzarían aproximadamente 11 239 millones de dólares. Las remesas continúan respaldando el consumo y las exportaciones aportan divisas indispensables para una economía dolarizada.
Pero crecer alrededor del 3% no debería generar complacencia total. Ecuador necesita transformar esta recuperación en expansión sostenida de su capacidad productiva. Para el período 2027-2030, el BCE proyecta un crecimiento promedio del 2,5%. Ese ritmo debe ser potenciado frente a las necesidades de generación de empleo, reducción de pobreza y aumento de productividad.
Las debilidades internas siguen siendo importantes. Los problemas energéticos evidencian la necesidad de nuevas inversiones y mayor confiabilidad del sistema eléctrico. A ello se suma el reto de generar condiciones estables para que la inversión privada acompañe con mayor fuerza a la recuperación.
Las amenazas también vienen desde fuera y desde el clima. El fenómeno de El Niño podría restar puntos porcentuales al crecimiento de 2027, dependiendo de su intensidad, debido a sus efectos sobre producción, exportaciones y precios.
Una economía abierta como la ecuatoriana también permanece expuesta a cambios en la demanda internacional y otras perturbaciones externas.
Ecuador tiene, sin embargo, una ventana de oportunidad. El crecimiento de la inversión, el consumo, las exportaciones y el crédito ofrece una base para avanzar. El objetivo no debe ser solamente celebrar que el PIB crezca cerca del 3%, sino crear las condiciones para superar sostenidamente ese ritmo.
Seguridad, energía, inversión, productividad, apertura comercial y estabilidad institucional deben convertirse en prioridades. La recuperación es una buena noticia; consolidarla es ahora el verdadero desafío económico.
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