Quito llegará a las elecciones municipales del 29 de noviembre con 10 postulaciones registradas para la Alcaldía. La cifra importa, pero no tanto como la calidad de la decisión que deberá tomar cada elector. En una ciudad donde los últimos alcaldes llegaron al cargo con porcentajes relativamente bajos por la fragmentación del voto, conocer mejor a quienes buscan gobernarla no es un ejercicio accesorio.
En 2019, Jorge Yunda ganó con 21,39% entre 18 candidatos. En 2023, Pabel Muñoz lo hizo con 25,18% entre 12. Quito elige por mayoría simple y no tiene segunda vuelta para la Alcaldía. Eso significa que una diferencia pequeña puede entregar el gobierno de una ciudad de más de dos millones de habitantes a una candidatura que no necesariamente representa a la mayoría absoluta.
Por eso, esta campaña necesita algo más que publicidad, recorridos y frases diseñadas para redes sociales. Necesita comparación.
El especial ‘¿Quién va a cocinar a Quito?’, de EL COMERCIO, parte de esa idea. Los diez postulantes fueron invitados a entrevistas individuales y sus planes se organizan por temas como seguridad, movilidad, agua, ambiente, empleo y presupuesto.
La propuesta también permite a los lectores enviar preguntas de hasta 240 caracteres, identificar su barrio y escoger el tema que les preocupa. No es solo participación simbólica: obliga a poner problemas concretos frente a quienes pretenden administrar la ciudad.
Otra herramienta, ‘El alcalde perfecto’, pide a la ciudadanía definir en pocas palabras qué espera de la próxima administración y clasifica esas propuestas según las competencias reales del Municipio. Ese detalle es importante. Una promesa puede ser atractiva y, al mismo tiempo, estar fuera de las atribuciones de la Alcaldía o requerir recursos que no existen.
Ahí debería estar uno de los filtros centrales del voto. ¿Puede hacerlo el Municipio? ¿Cuánto cuesta? ¿De dónde saldrá el dinero? ¿En qué plazo? ¿Cómo se medirá el resultado? La misma exigencia sirve para seguridad, transporte, Metro, agua, residuos, espacio público o empleo.
También importa preguntar cómo gobernará cada postulante. El alcalde necesita mayorías en el Concejo, dirigir empresas municipales, contratar obras y coordinar con el Gobierno Nacional. Una propuesta técnicamente buena puede fracasar si carece de financiamiento, equipo o capacidad política.
‘Quito a la carta’, otra sección del especial, invita a ordenar cinco prioridades para la nueva administración. El ejercicio parece sencillo, pero introduce una idea que las campañas suelen esquivar: gobernar también es escoger. Ningún presupuesto permite hacerlo todo al mismo tiempo.
Además, la lista registrada todavía debe distinguirse de las candidaturas que queden en firme tras el proceso electoral. Esa precisión también forma parte de un voto informado: separar hechos de propaganda, posibilidades de compromisos y competencias de ofertas que dependen de otras instituciones.
El papel del periodismo no es decidir por el votante. Es verificar, comparar, ordenar y preguntar con el mismo rigor a todos. El del ciudadano tampoco termina al escoger una papeleta: empieza antes, cuando exige respuestas que puedan comprobarse después.
Quito no necesita conocer más promesas. Necesita conocer mejor a quienes las hacen.
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