Quieren cuidar el planeta, pero a los adolescentes de Ecuador les cuesta evaluar evidencia científica

Una noticia dice que un alimento causa cáncer, y cita ‘un estudio’ sin más detalle. ¿Alcanza eso para creerla? Según la escala de PISA, un estudiante que llega al nivel 2 en ciencias ya puede usar un criterio para juzgar si una fuente es creíble. Para evaluar si la evidencia realmente respalda la afirmación, y comparar varias fuentes entre sí, hace falta llegar al nivel 3. Solo cuatro de cada diez estudiantes ecuatorianos de 15 años llegan al nivel 2. Al nivel 3, donde ya deben comparar fuentes y evaluar si la evidencia respalda una afirmación, llega apenas uno de cada diez.

📊 4 de cada 10 alcanzan el nivel básico en ciencias en Ecuador

Ecuador obtuvo 393 puntos en ciencias en PISA 2025. El promedio de la OCDE es 482: una brecha de 89 puntos. Solo el 40% de los estudiantes alcanza el nivel 2, el umbral que la OCDE define como el mínimo para reconocer la explicación correcta de un fenómeno científico y juzgar, en casos simples, si una conclusión es válida según los datos disponibles.

Así se distribuyen los estudiantes ecuatorianos entre los niveles de desempeño, y esto es lo que puede hacer un estudiante en cada uno, según el informe de Ineval:

  • Por debajo del nivel 1b (2,9%): no alcanza de forma consistente las tareas más sencillas de la escala.
  • Nivel 1b (20%): reconoce una idea científica correcta cuando es simple y conocida, pero no logra explicarla ni justificar una decisión con ella.
  • Nivel 1a (37%): un peldaño arriba del 1b, pero todavía sin usar la ciencia de forma consistente para explicar, evaluar evidencia o decidir.
  • Nivel 2 (27%): el umbral básico. Distingue una explicación científica de una que no lo es, y usa un solo criterio para juzgar si una fuente es creíble.
  • Nivel 3 (10%): evalúa explicaciones, compara fuentes y justifica un diseño de investigación simple.
  • Nivel 4 (2%): hace lo mismo que el nivel 3, pero en tareas que exigen más justificación.
  • Niveles 5 y 6 (0,1%): evalúa diseños de investigación alternativos y detecta interpretaciones defectuosas de los datos.

Frente a 2017, cuando Ecuador rindió PISA para el Desarrollo -una versión de la prueba adaptada para países de ingresos medios y bajos-, el resultado promedio en ciencias se mantuvo aproximadamente estable, mientras que matemáticas y lectura retrocedieron. La OCDE encuentra un panorama más favorable cuando toma en cuenta la expansión de la educación secundaria hacia poblaciones antes excluidas del sistema: la OCDE estima que, al descontar el efecto de esa expansión, el desempeño en ciencias habría mejorado entre los estudiantes que ya estaban escolarizados antes de ella.

📚 Se asume que los estudiantes de Ecuador llegan preparados…

María Dolores Lasso, decana de Grado y Asuntos Académicos de la USFQ, apunta a una base que falla antes de llegar a la ciencia misma. “Lo primero que hay que fortalecer es el nivel de comprensión lectora, el dominio de las operaciones básicas y la capacidad de análisis de los estudiantes”.

Para ella, el problema no es solo qué se enseña, sino cuánto: “en vez de cubrir tantos contenidos de forma superficial, el énfasis debe ser en lograr comprensión para fomentar conexiones relevantes a partir de las cuales se pueda generar nuevo aprendizaje”.

Hay, según Lasso, un supuesto que falla en la base: “se asume que los estudiantes llegan con las destrezas requeridas cuando no es así”. Y una salida más cómoda que corregirlo: “es más fácil transferir la culpa a la falta de conocimientos previos que detenerse y no avanzar hasta que tengan el nivel adecuado para enfrentar el reto que implica analizar y evaluar temas científicos“.

Eso incluye a quien está al frente del aula. Lasso no da la formación específica como garantía de nada: “la formación académica no garantiza efectividad al enseñar”. Lo que sí hace falta, dice, es que el profesor diseñe experiencias de aprendizaje adaptadas a sus estudiantes, active el interés por aprender y facilite las conexiones entre lo que ya saben y lo que deben aprender.

“Sin andamiaje, el aprendizaje no se consolida. El título es importante, pero es más importante la disposición de los profesores para aprender y para enseñar”.

🏫 Ningún tipo de colegio alcanza el promedio de la OCDE

En ciencias, la distancia entre un colegio particular y uno fiscal es de 88 puntos: 463 frente a 375, según Ineval. Los municipales obtienen 430 puntos y los fiscomisionales, 421. Ninguno de los cuatro tipos de colegio alcanza el promedio de la OCDE: 482. Ni siquiera el particular, el mejor posicionado de los cuatro.

Por región, la Sierra y la Amazonía obtienen el promedio más alto en ciencias (407); la Costa y Galápagos, el más bajo (382); el promedio nacional es 393. Ineval relaciona esa diferencia con el perfil socioeconómico de las regiones: los estudiantes de Costa-Galápagos registran también, en promedio, el nivel socioeconómico más bajo de las tres. El dato no permite atribuir la diferencia regional únicamente a la pobreza, pero sí muestra el peso que tienen las condiciones socioeconómicas en el desempeño científico.

🔊 Interés y desorden, en la misma aula

Los datos de PISA muestran algo que a primera vista parece una contradicción. El 86% de los estudiantes dice que su profesor de ciencias se interesa por el aprendizaje de cada uno, más que el 69% del promedio OCDE. Pero, al mismo tiempo:

  • 33% reporta ruido y desorden en la mayoría de las clases.
  • 21% dice que no puede trabajar bien en el aula.
  • 28% reporta que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la clase; ese grupo saca 11 puntos menos en ciencias que quienes no reportan esa distracción, la misma diferencia que en el promedio de la OCDE, incluso tras considerar el nivel socioeconómico de estudiantes y escuelas.
  • 51% estudia en un colegio con escasez de material; 47%, con infraestructura deficiente.

Para Lasso, esto no es una contradicción: son dos responsabilidades distintas del mismo profesor. “Implementar estrategias que motiven el interés por aprender es una de las responsabilidades de un buen profesor. Inspirar y transmitir la curiosidad por aprender es esencial”, señala. “Sin embargo, también es esencial que las condiciones en las que ocurre el aprendizaje sean las adecuadas: respeto, orden, ruido, materiales, luz, ventilación”. Los profesores, dice, son los únicos que pueden hacer las dos cosas a la vez: cultivar el interés por aprender y cuidar que el ambiente del aula sea el adecuado. El profesor puede cultivar el interés y contribuir al orden del aula. Pero no puede resolver, por sí solo, la falta de laboratorios, materiales o infraestructura que muestran los datos de PISA.

🔬 Saber ciencia no basta para evaluar evidencia científica

De las tres competencias que mide la OCDE, la puntuación más baja de Ecuador aparece en evaluar información científica para elaborar argumentos: 389 puntos, frente a 392 en explicar fenómenos y 395 en evaluar diseños de investigación. La diferencia entre las tres es pequeña. Pero esa competencia es, según la definición de PISA, la que más directamente implica buscar información, juzgar su credibilidad y usarla para decidir: justo lo que hace falta para no creerse una noticia falsa o la cifra sacada de contexto.

Hamilton Quezada, docente de Yachay Tech, lo explica desde otro ángulo, el de la taxonomía de Bloom: “A un estudiante le falta desarrollar su habilidad de pensamiento crítico. Esto en la taxonomía de Bloom está en los niveles más altos, es decir en analizar, evaluar y crear“.

PISA usa otra escala para medir esos niveles altos: en el 5 y el 6, el estudiante debe manejar información compleja, evaluar diseños de investigación, detectar interpretaciones defectuosas y justificar decisiones. En Ecuador, apenas el 0,1% alcanza los niveles 5 y 6.

Lasso coincide desde otro ángulo, el de cómo se construye esa capacidad de evaluar en el día a día del aula: “sería ideal que hubiera más oportunidades en clase para que los estudiantes puedan verificar datos y contrastarlos con sus experiencias o sus percepciones”. El sentido común, dice, no es el enemigo de la evidencia: “se fortalece mucho con el aprendizaje y la experiencia”. Lo que falta, según ella, son los ejercicios específicos que permitan ese contraste, “reemplazando la enorme cantidad de contenidos abstractos o desconectados de la realidad de los estudiantes”.

🌱 Quieren cuidar el planeta, pero les cuesta entender la ciencia ambiental

Solo 42% de los estudiantes ecuatorianos alcanza el nivel básico en ciencias ambientales, frente al 74% en la OCDE. No es por falta de interés: 78% cree que puede impactar positivamente en el ambiente (OCDE: 81%). Por otra parte, 86% cree que la acción colectiva puede enfrentar los problemas ambientales (OCDE: 82%) y 79% quiere un trabajo que proteja el ambiente, frente al 62% de la OCDE, la brecha más amplia de las tres.

Para Lasso, la salida no es enseñar más sobre el ambiente, sino enseñarlo de otra forma. “Los resultados en ciencias ambientales van a mejorar solo cuando lo que se enseña incorpore el contexto natural y la realidad de los estudiantes”, dice. “La teoría, los gráficos y los términos carecen de sentido cuando se presentan de forma aislada.” El cuidado del ambiente, dice, se logra fomentando el amor al entorno natural. Y deja una pregunta abierta más que una receta: ¿Qué se está haciendo para que el aprendizaje de ciencias ambientales esté más explícitamente relacionado con el cuidado real del medio ambiente?

🎓 El talento existe, pero se queda adentro

Hamilton Quezada lleva diez años dando clases en Yachay Tech, la universidad pública de investigación del país. Ha visto el cambio de cerca. “La diferencia del nivel de los estudiantes es abismal“, dice sobre la última década. “La nivelación revela una necesidad muy grande de apoyo académico a los estudiantes”.

Su respuesta a una pregunta obvia –¿De dónde sale el talento científico ecuatoriano?– no es la esperada. Desde su experiencia docente, Quezada no identifica a colegios específicos, semilleros u olimpiadas como la principal fuente de ese talento. Lo encuentra, sobre todo, cuando los estudiantes llegan a la universidad de investigación. “Yachay es un gran ejemplo de esto”, enfatiza. El problema, para él, es lo que pasa después. Eso forma un circuito cerrado, no un puente hacia el sistema educativo general: “la transferencia de este conocimiento se queda mayoritariamente allí mismo”.

Quezada conecta esto, además, con un dato de PISA que no es sobre ciencia sino sobre tiempo. El 38% de los estudiantes ecuatorianos de 15 años reporta trabajar por dinero antes o después de la jornada escolar, tres o más días a la semana -frente al 22% del promedio OCDE-, y ese grupo rinde, en promedio, 16 puntos menos en ciencias que quienes no trabajan.

Ineval encuentra esta asociación en los países analizados. En Ecuador es menos pronunciada que en el promedio de la OCDE y que en el promedio latinoamericano. Para Quezada, la causa no está en el aula: “el retraso tiene una correlación directa con la inversión social”. Si el Estado invierte en la vida de la gente, dice, sube la probabilidad de que esa gente acceda a mejor educación.

🛠️ Un laboratorio móvil en vez de un plan grande

Quezada no empezaría por una reforma nacional. Empezaría por observar. “Primero se necesita una autorización del Ministerio (de Educación) para hacer una observación de clases”. Después, un diagnóstico: qué falla, si es pedagógico, social o de infraestructura. Y con eso, una intervención piloto que se pueda medir.

Pone un ejemplo concreto. Muchos colegios no tienen laboratorio de química, biología o física. Su propuesta: un laboratorio móvil, que recorra colegios, con estudiantes universitarios haciendo lo que en Ecuador se llama vinculación. Es la práctica social obligatoria que ya exige la ley a quien estudia en la universidad pública. No hace falta inventar el mecanismo. Ya existe. Falta usarlo para esto.

La propuesta tiene una lógica sencilla: antes de pedir a un estudiante que evalúe evidencia científica, hay que darle oportunidades para observarla, contrastarla y discutirla. El problema que muestran las pruebas PISA no se resuelve solo con saber más términos científicos. También exige aprender a preguntar qué evidencia existe, qué tan confiable es y qué decisión permite tomar.

  • Más información de PISA 2025 aquí

Cinco preguntas frecuentes sobre los resultados en ciencias de Ecuador en Pisa 2025

❓ ¿Cuál fue el resultado de Ecuador en ciencias en las pruebas PISA 2025?

393 puntos, 89 por debajo del promedio de la OCDE (482). Solo el 40% de estudiantes de 15 años alcanza el nivel 2, el umbral básico. Fue la materia que se mantuvo más estable frente a 2017, mientras que matemáticas y lectura retrocedieron. Los datos son del informe nacional de Ineval y de la nota país de la OCDE, publicados en septiembre de 2026.

❓ ¿Qué porcentaje de estudiantes ecuatorianos sabe evaluar evidencia científica?

Apenas uno de cada diez llega al nivel 3, donde ya debe comparar fuentes y evaluar si la evidencia respalda una afirmación. Es la competencia más baja de Ecuador entre las tres que mide la OCDE: 389 puntos en evaluar información, frente a 392 en explicar fenómenos y 395 en evaluar diseños de investigación.

❓ ¿Qué diferencia hay en ciencias entre colegios fiscales y particulares en Ecuador?

88 puntos: 463 los particulares frente a 375 los fiscales. Los municipales obtienen 430 y los fiscomisionales, 421. Ninguno de los cuatro tipos de colegio alcanza el promedio de la OCDE (482), según Ineval. La brecha entre regiones sigue el mismo patrón: la Costa y Galápagos rinden menos, y también concentran más pobreza.

❓ ¿Por qué los estudiantes ecuatorianos no dominan la ciencia ambiental si les importa el ambiente?

Porque interés y competencia son cosas distintas. El 79% quiere un trabajo que proteja el ambiente, más que el promedio de la OCDE, pero solo el 42% alcanza el nivel básico en ciencias ambientales. Para María Dolores Lasso, decana de la USFQ, el problema es que se enseña de forma teórica, desconectada del entorno real del estudiante.

❓ ¿Trabajar mientras se estudia afecta el rendimiento en ciencias en Ecuador?

Sí: quienes trabajan por dinero tres o más días a la semana rinden 16 puntos menos en ciencias. El 38% de los adolescentes ecuatorianos de 15 años reporta hacerlo, frente al 22% del promedio OCDE. Según Ineval, esa asociación es menos pronunciada en Ecuador que en la OCDE y que en Latinoamérica.


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