Las movilizaciones con cierre de vías son la única salida para algunos sectores sociales, sindicalistas e indígenas que reclaman por las medidas económicas en Ecuador.
Estos reclamos están acompañados de un pliego de exigencias, pero no de alternativas para financiar los pedidos ni para alcanzar un crecimiento económico sostenido.
La Conaie y otras organizaciones iniciaron un paro de actividades desde este lunes 22 de septiembre. El reclamo principal es la eliminación del subsidio al diésel. Dicen que, en democracia, tienen el derecho a la resistencia.
Pero surge una interrogante: y quienes están a favor de la eliminación del subsidio, ¿por qué no pueden trabajar con normalidad?
Empresarios, emprendedores, trabajadores… temen por las pérdidas económicas que generan los cierres de vías.
Ecuador tiene una experiencia reciente. En octubre de 2019, el país vivió un paro nacional por la eliminación de subsidios a los combustibles.
Las pérdidas económicas totales se estimaron en 821,7 millones de dólares. El sector más golpeado fue el comercio, con casi una cuarta parte de ese total. También resultaron afectados sectores estratégicos como energía, hidrocarburos, transporte, turismo e industria.
En junio de 2022 se registró otro paro nacional, nuevamente relacionado con el alza de los combustibles. En esta ocasión, las pérdidas fueron mayores: se estimaron en 1 115,4 millones de dólares. De ese total, 1 104,8 millones correspondieron a pérdidas económicas directas y 10,6 millones a daños en infraestructura y bienes.
Entre las áreas más impactadas estuvieron el comercio, con 318 millones, y las industrias, con 219 millones. Le siguieron la agricultura, el transporte, el alojamiento y los servicios de comida, además de la minería y el petróleo.
Más allá de las cifras, ambas paralizaciones mostraron la vulnerabilidad del aparato productivo frente a conflictos sociales prolongados y la fuerte dependencia de diversos sectores respecto al transporte y la energía.
Ecuador no ha logrado mantener un crecimiento económico sostenido para generar fuentes de empleo, atraer inversiones o brindar confianza para que incluso los mismos ecuatorianos decidan invertir en el país. Allí surge otra pregunta: ¿Los paros resuelven los problemas estructurales de Ecuador?