La Avenida 10 de Agosto, que cruza Quito de sur a norte, luce en el abandono. Hoy, sus aceras muestran persianas bajas, fachadas despintadas y carteles que anuncian arriendos o ventas de oficinas, afiches de conciertos o grafitis que se aprovechan de las persianas permanentemente cerradas. Es la vía más importante de la capital, bautizada así por la conmemoración del Primer grito de la independencia de Ecuador.
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La 10 de Agosto, de Camino Real a la arteria de Quito en abandono
Antes de ser avenida fue el Camino Real, la ruta que enlazaba el centro con Iñaquito, Cotocollao y Pomasqui, en tiempos de la colonia. Ya en la República, se lo conoció como Gonzalo Pizarro; después, 18 de Septiembre. En 1949 se lo bautizó como avenida 10 de Agosto; y si fue en honor al Primer Grito de Independencia de Quito, la han dejado en el olvido y el abandono. El trazo recto y largo —más de siete kilómetros— se convirtió en la columna vertebral del Quito moderno.
En sus márgenes se levantaban casonas señoriales y palacios como el Najas o la Circasiana; parques como La Alameda y El Ejido ofrecían respiro; y el comercio abría temprano para recibir al trajín de oficinistas, estudiantes y visitantes. En los setenta y ochenta, con los pasos a desnivel recién construidos, era símbolo de progreso.
Un presente de abandono que duele para la avenida 10 de agosto de Quito

Hoy, caminar la avenida 10 de agosto de Quito en Quito es atravesar un inventario de pérdidas y abandono. Hay edificios que siguen en pie, pero sin vida; otros mutaron en bodegas improvisadas; algunos quedaron tapiados. Las aceras, pensadas para la circulación continua, se interrumpen con obstáculos y muros ciegos.
Los carteles no son solo un problema estético: son la evidencia de una fuga de gente y comercio que en pocos años vació una de las arterias más importantes de la ciudad.
“Puedo decir que desde la pandemia se incrementó el abandono en esta parte de la ciudad”, dice Cristina Morales. El edificio que administra tiene una ocupación del 50%. “Y así ha sido en toda esta zona. Los abogados han preferido irse al norte o al sur”.
Mientras habla, un incienso emana su perfume. Lo hace para espantar la pestilencia la pileta permanentemente vacía en la bajada del Colegio Espejo. “Sobre todo en el verano, el olor es insoportable”, añade Morales.
La propuesta para devolverle el pulso
En 2019, un equipo multidisciplinario de 80 personas y liderado por la arquitecta Grace Yépez ganó el concurso del Corredor Metropolitano de Quito, que incluía la 10 de Agosto como eje central. La idea no era solo remozar la vía, sino reconfigurarla como espacio de vida:
- Priorizar peatones y transporte público, reduciendo el dominio del automóvil.
- Crear microcentralidades, como en la zona de La Alameda, con bulevares peatonales, comercio de proximidad, vivienda y equipamientos culturales.
- Sumar verde: árboles, corredores ecológicos y conexiones con quebradas para integrar naturaleza y ciudad.
- Recuperar vivienda para que la avenida vuelva a ser habitada, no solo atravesada.
En 2020, un equipo liderado por la arquitecta Grace Yépez ganó el concurso del Corredor Metropolitano de Quito, que incorporaba a la 10 de Agosto como columna vertebral de movilidad y espacio público.
La propuesta planteaba:
- Priorizar al peatón y al transporte público, reduciendo el protagonismo del automóvil.
- Crear microcentralidades como la de La Alameda, con comercio, vivienda y equipamientos culturales.
- Integrar corredores verdes y conexiones con quebradas y parques.
- Incentivar el retorno de la vivienda en la avenida.
El objetivo era que la vía dejara de ser solo un corredor de tránsito y se consolidara como un lugar activo y habitable. La iniciativa no pasó de la fase normativa y no se han ejecutado obras relacionadas.
“El proyecto propuso que los planes y los proyectos considere el tipo de actor local (pequeño inmobiliario, cooperativas de vivienda, promotor inmobiliario). Hablamos de economía circular, economía social y solidaria, ecobarrios. La propuesta busca responder a los desafíos de riesgos, vulnerabilidad y cambio climático“, dice Yépez.
“Sin embargo, “Llegó la pandemia del covid-19 y luego un cambio del alcalde. La ciudad ha incumplido su compromiso”, sostiene.
Entre el ayer y el mañana de la avenida 10 de Agosto de Quito

Recorrer esta avenida es pasar junto a fachadas que recuerdan lo que fue y grafitis que anuncian lo que ya no está. Los pasos a desnivel, que alguna vez eran símbolo de modernidad de Quito, hoy cargan soledades y abandonos en la 10 de Agosto.
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Un pulso que no se apaga del todo

Pese al abandono, hay signos de resistencia en la avenida 10 de Agosto de Quito: una cafetería que mantiene sus mesas en la acera, una galería que abrió en un local reciclado, la persistencia de los parques como puntos de encuentro. Pero no basta.
“Si no vuelve la gente, no vuelve nada”, sentencia José Rubén. “La gente solo pasa de largo y los vehículos solo alborotan y así no vendo nada”, agrega.
La poca vida comercial se mantiene abierta hasta apenas anochezca. Atienden mayormente de 09:00 a 18:00. “Es por el peligro. Cuando oscurece se vuelve peligroso. Y los vagabundos quieren entrar”, dice Nayeli Altamirano, quien atiende en un local de aparatos eléctricos.
La 10 de Agosto guarda en su nombre la memoria de la independencia y en sus muros la historia de la ciudad. Pero el abandono puede apagar todo.
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