¿Puede una ideología cambiar de cara según el lugar? A la sombra del correísmo, la respuesta parece afirmativa. Correa admitió recientemente en el medio El Español que él y su equipo compuesto por dos exfuncionarios (radicados en Caracas) asesoran económicamente al gobierno de Maduro. En esa misma línea, describió a Maduro como una “persona bondadosa”. Salta la pregunta amable lector: ¿Maduro bondadoso? Será con él, con su equipo y con los correístas perseguidos por la justicia ecuatoriana, pero evidentemente no con la democracia, con la Libertad y peor aún con su pueblo. La aceptación de tal asesoría importa por dos razones: ubica al correísmo en el mapa como aliado directo del gobierno venezolano, y expone una incoherencia que el electorado ecuatoriano percibe con creciente claridad.
Primera contradicción. En Quito, RC5 denuncia que el oficialismo erosiona la democracia; en Caracas, evita nombrar lo que observatorios acreditados y serios han descrito como un régimen apartado de la democracia, es decir, guarda cómplice silencio con la dictadura derivada en tiranía. No se trata de una diferencia de matiz, sino de doble estándar: exigir controles y alternancia aquí, y guardar silencio allá.
Segunda contradicción. En Ecuador, RC5 reprocha el desempeño económico y social del Gobierno; en Venezuela, omite pronunciarse acerca de la prolongada crisis que ha expulsado a millones de personas y que mantiene indicadores seriamente preocupantes. Si la asesoría es técnica —como se afirma—, su carta de presentación exhibiría malos resultados: inflación, casi nula inversión privada, carencia de empleo, pobreza, migración, todo lo cual, pone a Correa en un callejón sin salida, salvo por el trillado argumento del bloqueo.
El contexto geopolítico refuerza el problema. Trump nuevamente enfoca sus armas en contra del dictador. Washington ha endurecido su postura: elevó la recompensa por la captura de Maduro y activó despliegues navales antinarcóticos en el Caribe. Más allá de la retórica, el mensaje es claro: presión sostenida sobre un régimen relacionado con el narcotráfico. Quien se presenta como asesor de ese sistema carga, de entrada, con un alto costo en su imagen y credibilidad. A la geopolítica se suma la señal regional. En Bolivia, el oficialismo de izquierda sufrió un revés histórico, el centro y centro-derecha caminan al balotaje; en Colombia, crece la resistencia a los excesos retóricos y programáticos de Petro.
La inconsistencia de fondo: exigir institucionalidad en Quito y blanquear silencios en Caracas. Y esa inconsistencia no es gratuita. Implica un costo moral —por la cercanía con un régimen cuestionado, dividido en lo interno y sitiado en lo externo por la comunidad internacional, acusado de haber forjado a su favor los resultados de las últimas elecciones y, un costo político, porque dificulta alianzas y ahuyenta al votante moderado.
El correísmo se vuelve, entonces, un movimiento que perdió la brújula, y con ello un porcentaje de su capital político por el pasivo reputacional que implica su vinculación a Maduro, algo que incluso algunos correístas en reserva cuestionan, pero Correa se niega a aceptar. La pregunta es ¿por qué? ¿Será acaso que la lealtad entre camaradas pesa más que los valores y principios, incluso a costa de los intereses y votos a favor del propio movimiento? Siendo así, el más peligroso adversario interno de RC5 no es su opositor de turno: es el espejo que le devuelve su propia incoherencia, y el gestor principal de aquello, paradójicamente, es su máximo líder.