Del sueño a la pesadilla y la esperanza

La emigración es un fenómeno global tan antiguo como la humanidad. El ser humano fue por miles años nómadas, y más tarde, cuando se dieron las condiciones -como la domesticación de plantas y animales-, el sedentarismo dio origen a los núcleos urbanos y más tarde a las ciudades.

A lo anterior se añaden otros acontecimientos: las pestes, las guerras, las sequías, las inundaciones, las erupciones volcánicas, la pobreza y los sueños de bienestar y… Libertad

Así, desde tiempos bíblicos y aún antes, los pueblos desafiaron a las montañas, los lagos y océanos, los desiertos y selvas, con el propósito de encontrar el paraíso, o algo parecido. En esa condición, como errantes, los seres caminaron desde África -donde supuestamente se ubicaron los primeros homínidos- y comenzaron a dominar el mundo.

Para los judíos la utopía fue la Tierra Prometida; para los cristianos, la Parusía o la segunda venida de Jesucristo; para los socialistas, el paraíso comunista, sin clases sociales; para los nazis, el saqueo, la guerra racial y el nacionalsocialismo; para las culturas indígenas, los mensajes sagrados del mundo espiritual que ofrecen guía, advertencias, sanación y fortalecen el vínculo entre el individuo, la comunidad y la naturaleza; y para los latinoamericanos, el sueño americano, a través del trabajo duro y la determinación.

Este recorrido incompleto por los sueños de los seres humanos marcó hitos, procesos, encuentros, desencuentros, y también pesadillas, como las que viven hoy millones de personas en diferentes regiones del planeta.

Y este caminar no se detiene ni se detendrá, mientras los más débiles intenten derriban los obstáculos y muros, y arriesgarse a lo más difícil -defender la vida-, en tanto las grandes potencias no abran sus fronteras y también sus corazones.

Este grito silencioso de los migrantes interpela a todos los Estados, a todas las religiones, a todas naciones sobre la faz de la Tierra. En este tráfago todavía hay espacios para la esperanza, para construir un mundo más justo y solidario, menos violento y más humano.

La tragedia debe dar paso a la luz, y que, del sueño convertido en pesadilla, se pase, poco a poco, a la civilización del amor, como diría Teilhard de Chardin. ¿Una utopía?