¿Control anacrónico en la era digital?

En pleno 2025, con el avance vertiginoso de las tecnologías de la comunicación, las nuevas narrativas y los diversos soportes mediáticos, resulta anacrónico que todavía surjan proyectos de leyes de comunicación o normativas que buscan limitar la libertad de expresión, tanto en Ecuador en Estados Unidos o cualquier otro país democrático.

Esta persistencia revela una falta de comprensión sobre la evolución de la industria de los medios, el periodismo y la comunicación en la era digital. Incluso ciertas organizaciones no gubernamentales han insistido en reglamentar la “calidad” de los medios. No han entendido que, en tiempos de Internet, la valoración final reside en la comunidad, que decide qué consumir.

Asumir que los lectores, oyentes, televidentes y cibernautas son incapaces de discernir la calidad de los contenidos mediáticos es un error. La crisis que atraviesa la industria de los medios tradicionales en el mundo, en parte, se debe a esta subestimación del consumidor. En la era de la información, el público tiene acceso a una variedad inmensa de fuentes y formatos, lo que le permite formarse su propia opinión y elegir qué consumir. Por su parte, ahora mismo, los medios tienen leyes y normas que hacen respetar temas como la protección del grupos vulnerables o el mismo derecho a la réplica.

Ni el poder político, ni los poderes fácticos, ni ninguna otra entidad externa pueden calificar o regular la calidad de los medios. Esta potestad reside exclusivamente en la comunidad, que, a través de su consumo y retroalimentación, moldea el panorama mediático.

La intención de buscar leyes mordaza o restringir el acceso a un grupo de la prensa a la Casa Blanca, como ocurre en Washington, es un síntoma anacrónico de regímenes autoritarios que no han comprendido la naturaleza de la comunicación en el siglo XXI no importa su tendencia ideológica. En la era digital, la comunicación se genera en múltiples espacios y formatos, desde pódcasts hasta redes sociales.

El auge del podcast en Estados Unidos, como plataforma para el análisis político, demuestra esta evolución. Incluso el mismo presidente de EE.UU., Donald Trump, optó este formato para conectar con sus electores cuando fue candidato el año pasado. Y, en Europa, estudios revelan que los jóvenes prefieren informarse a través de plataformas como Instagram en lugar de los medios tradicionales. ¡El mundo cambió!

Ante esta realidad, la obsesión por controlar los medios tradicionales parece aún más obsoleta. ¿Qué pasará cuando a un gobierno no le guste lo que se dice en las redes sociales? ¿Se intentará normar Internet? ¿Sería esto políticamente aceptable?

La regulación de Internet plantea serias amenazas a la libertad de expresión y al derecho a la información. Intentar controlar el flujo de información en la era digital es una tarea titánica y, en última instancia, contraproducente.

En 2025, la defensa de la libertad de expresión debe ser una prioridad. En lugar de buscar controlar los medios a través de leyes restrictivas, es fundamental promover un ecosistema mediático diverso, plural y participativo, donde los ciudadanos tengan acceso a una amplia gama de fuentes y formatos informativos. Solo así se podrá fortalecer la democracia y garantizar el derecho a la información de todos los ecuatorianos.

La clave está en confiar en la capacidad de la comunidad para discernir y elegir qué consumir, y en proteger la libertad de expresión en todos los espacios y formatos, tanto tradicionales como digitales.