Cartas a Quito / 5 de no viembre de 2026

Amazonía ecuatoriana: la tierra que sostiene al país, pero que el país ha olvidado

Las seis provincias de la Amazonía ecuatoriana: Napo, Pastaza, Sucumbíos, Orellana, Morona Santiago y Zamora Chinchipe,  conforman una vasta región que supera la mitad del territorio nacional. Se trata de un espacio de extraordinaria riqueza natural, cultural y humana, donde conviven pueblos y nacionalidades indígenas que han preservado durante siglos una relación armónica con la naturaleza.

La Amazonía es biodiversidad, turismo y patrimonio cultural. Sus comunidades mantienen vivas tradiciones ancestrales, elaboran artesanías con materiales del entorno natural y conservan una gastronomía que refleja la identidad profunda de la selva ecuatoriana. No obstante, detrás de esta riqueza cultural existe una realidad social marcada por profundas desigualdades.

Provincias como Orellana y Sucumbíos constituyen pilares de la economía nacional debido a la explotación petrolera. Desde estos territorios se extrae una parte significativa de los recursos que alimentan el presupuesto del Estado. Paradójicamente, en las mismas provincias que generan riqueza para el país persisten altos índices de pobreza, desempleo y limitadas oportunidades de desarrollo para sus habitantes.

En numerosos cantones amazónicos la realidad es preocupante. Existen comunidades donde la desnutrición infantil continúa afectando a niños y niñas, mientras que enfermedades graves, como el cáncer, se presentan en contextos donde la atención médica especializada es prácticamente inexistente. La ausencia de hospitales con especialidades, la escasez de medicamentos y la limitada cobertura de la seguridad social evidencian una deuda histórica del Estado con la región amazónica.

A ello se suma otro desafío estructural: el acceso a la educación superior. Miles de bachilleres amazónicos ven truncados sus proyectos de vida por la falta de una universidad estatal plenamente consolidada en la región. Las provincias de Sucumbíos, Orellana, Morona Santiago y Zamora Chinchipe han sostenido durante años una legítima aspiración: contar con una institución pública de educación superior que permita a los jóvenes formarse sin abandonar su territorio. Sin embargo, decisiones administrativas del Consejo de Educación Superior del Ecuador continúan postergando esta posibilidad.

Desde el punto de vista jurídico, la Constitución de la República del Ecuador establece que el Estado debe garantizar la igualdad de oportunidades, el acceso a la educación, la salud y el desarrollo territorial equilibrado. Asimismo, reconoce los derechos colectivos de los pueblos y nacionalidades indígenas, así como el principio de justicia social.

En el ámbito internacional, instrumentos como el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas obligan a los Estados a promover el desarrollo integral de las comunidades indígenas, garantizando educación, salud, participación y respeto a su identidad cultural.

Desde esta tribuna del pensamiento y la justicia, resulta indispensable recordar que la Amazonía no puede seguir siendo vista únicamente como una fuente de recursos naturales. Es un territorio de vida, cultura y dignidad. El verdadero desarrollo del Ecuador solo será posible cuando la Amazonía deje de ser una región olvidada y se convierta en prioridad nacional para la inversión social, la educación superior, la salud pública y el bienestar de sus pueblos.

Elio Roberto Ortega Icaza