Dos figuras ecuatorianas dignas de admiración
Estamos claros que las pioneras en la historia y los derechos civiles ecuatorianos, entre otras son Matilde Hidalgo; Manuela Sáenz; Manuela Espejo; Dolores Cacuango; y Tránsito Amaguaña. En el ámbito deportivo Carola Castro; Neisi Dajones; Angie Palacios; Tamara Salazar; Glenda Morejón; Lucía Yépez; y, Kiara Rodríguez. No obstante, es de justicia señalar que en otros escenarios igual de trascendentes, Edna Iturralde De Howitt y Guadalupe Mantilla de Acquaviva, hacen con creces honor a su condición de mujeres y demuestran que con trabajo, sacrificio y metiéndole ganas, se han ganado un espacio en el quehacer académico – cultural y empresarial a nivel local e internacional.
Edna es la precursora de la etnohistoria narrativa y está considerada la autora más inagotable de la literatura infantil y juvenil ecuatoriana, con aproximadamente 62 obras publicadas, además de ser la primera escritora ecuatoriana nominada tres veces para el premio internacional ALMA (Astrid Lindgren Memorial Award), de Suecia. Varias veces Nominada al Premio Hans Christian Andersen por Girándula/IBBY Ecuador. Premio Campoy-Ada. Premio Iberoamericano Cervantes Chico; 2013 Mujer del Año por Literatura, Revista Hogar. Seria largo enumerar todas las nominaciones y premios otorgados a esta dama de la literatura infantil, de ahí que solo me he referido a unas cuantas.
Guadalupe por su parte lideró por 28 años el diario El Comercio de Quito, siendo la primera mujer en ocupar la Presidencia Ejecutiva y la Dirección, dándose tiempo para abrir espacios periodísticos a mujeres y enfrentar el machismo con entereza. Es conocido que defendió un periodismo riguroso, crítico de poder y comprometido con la democracia. Desde niña se involucró en el periodismo informativo con noticias auténticas documentadas. En entrevista en un medio local, expresa que “siente la realidad del Ecuador, pero que tiene esperanza en un futuro mejor”.
Dos aspectos que de seguro no están en las mentes de Edna y Guadalupe: el feminismo irreverente desubicado y las dádivas de los gobiernos de izquierda que expresan lo imperioso de contar con pobres, pero con esperanza. Para ellas, su lema es “trabajo, honestidad y más trabajo”. Estas dos figuras emblemáticas nacionales, prueban que el éxito no depende del género, sino de la capacidad y que la riqueza, el protagonismo desmedido politiquero y el ego no son el objetivo principal en la educación de las mujeres; la sobriedad, la modestia y la dulzura deben ocupar ese lugar
Efraín Flores Batallas