Siempre hubo algún momento en que, durante el período de Carnaval, alguien decía: “estoy con gripe”. Era el pretexto que se tenía a mano para evitar ser empapado y, pero aún, golpeado con un globo de agua. Es parte de las tradiciones del Carnaval en Ecuador jugar con agua. Es, por eso, una celebración de tradición y transgresiones.
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Carnaval, lucha entre el caos y lo sagrado
El Carnaval es una festividad que marca un claro contraste entre el caos y la sacralidad. Santiago Páez, antropólogo y escritor, nos ofrece una mirada profunda a esta festividad.
El Carnaval en Ecuador tiene un componente mestizo, aunque los carnavales indígenas tienen una diferencia. Los antropólogos han señalado que tienen una duración distinta y unos comportamientos diferentes. Al menos en lo que respecta al tiempo, el Carnaval indígena dura una semana.
El mestizo, en cambio, se parece más a los europeos. Según Páez, porque “funciona dentro del tiempo sagrado y del tiempo profano”. El que se celebre antes del Miércoles de Ceniza, que da comienzo a la Cuaresma, es una manifestación de estas tensiones de lo sagrado y lo profano.
El carnaval y la repetición de ciclos
Como sostiene el historiador rumano especializado en religiones, Mircea Eliade, el tiempo para una mentalidad sagrada es siempre circular. Por lo tanto, siempre se repite un ciclo. Este tiene un tiempo profano, que en realidad corresponde a los días de la cotidianidad y que tiene que romperse con días de total desorden y caos para dar lugar al tiempo sagrado, que es la Cuaresma.
“Y esto es el Carnaval. En esos tres días de carnaval se da el total desorden. Y en eso el carnaval ecuatoriano mestizo es muy similar a los carnavales europeos. Es decir, que todas las costumbres se subvierten”.
Todo lugar es una fiesta en Carnaval
Las calles y los lugares de trabajo se convierten en lugares de fiesta. “El lenguaje, que usualmente es un lenguaje funcional, se convierte en un lenguaje poético y la gente empieza a decir coplas. Lo que es privado se convierte en público. La gente entra y sale de las casas de los otros”, dice Páez.
Además, durante esos tres días se cometen una serie de actos de violencia simbólica y de jolgorio, con el baño de agua, harina y huevos. “Todo ese desorden va de la mano con el exceso en la comida y en la bebida”.
Sin embargo, jugar con agua en Carnaval no es solamente un fenómeno ecuatoriano. Se practica así en casi todos los países andinos. En Tucumán o Humahuaca, en Argentina, se hace lo mismo. También en Perú o en Bolivia, hay zonas en donde se puede ver que empaparse es parte de la gran fiesta.
Además, incluso podría tener un origen español. Al menos en Galicia, hay zonas en que se bañaban con lodo. Pero todo esto forma parte de la violencia simbólica y del caos profano.
El uso del agua (y otros elementos como la harina o los huevos) podría interpretarse como una forma de desinhibición y jolgorio que contrasta con la austeridad próxima de la Cuaresma.
La llegada del tiempo sagrado
Cuando se termina el Carnaval, llega el Miércoles de Ceniza. Es una tradición católica que recuerda que polvo somos y en polvo nos convertiremos. “Ahí es cuando comienza el tiempo sagrado”, añade Páez.
El tiempo sagrado imponía una abstinencia. Había comidas que no se podían comer, determinadas conductas que no se podían tener. Finalizaba con la Semana Santa, que era la síntesis del tiempo sagrado y que dura también tres días.
En Viernes Santo, Cristo es crucificado; el Sábado de Gloria, que es el momento en que se ha detenido el mundo. Y luego llega el Domingo de Resurrección, el día en que se reinicia todo.