Cartas a Quito / 21 de octubre de 2026

Santay: conservar también significa actuar

La crítica situación que atraviesa la Isla Santay invita a reflexionar sobre la responsabilidad de quienes tienen a su cargo la gestión de nuestras áreas protegidas. Resulta difícil comprender que existan recursos apenas para colocar cintas de peligro alrededor de infraestructuras deterioradas, mientras su mantenimiento continúa postergado por falta de presupuesto.

Es cierto que los recursos públicos son limitados, pero la respuesta «no hay presupuesto» no puede convertirse en una justificación permanente para la inacción.

Los guardaparques, cuyo trabajo merece reconocimiento, son mucho más que vigilantes del territorio. Su conocimiento del entorno y su relación cotidiana con las comunidades los convierten en actores fundamentales para identificar problemas, anticipar riesgos, proponer soluciones y facilitar la cooperación.

No se trata de exigirles responsabilidades que corresponden a las autoridades, sino de promover una cultura institucional que valore la iniciativa, respalde las propuestas y facilite la búsqueda de alternativas.

En Santay, donde la conservación ambiental convive con las necesidades de una comunidad residente, el deterioro de las infraestructuras y las restricciones de acceso tienen consecuencias ambientales, sociales y económicas.

La cooperación entre instituciones, guardaparques, habitantes y organizaciones de la sociedad civil puede contribuir a superar muchas dificultades. Pero requiere voluntad, coordinación y capacidad de gestión.

Una cinta de peligro advierte sobre un problema, pero no lo resuelve. Proteger un área natural también significa mantener sus infraestructuras, prevenir riesgos y garantizar su función social y ambiental.

Santay no necesita solamente diagnósticos y restricciones. Necesita iniciativas, decisiones y soluciones.

José Delgado Mendoza, Gestor Cultural y Ambiental, Director del Observatorio de Santay