Panamá no tuvo muertos con un terremoto de 7,7. ¿Ecuador estaría listo?

El terremoto de 7,7 que sacudió la península de Azuero no dejó muertos en Panamá; es la primera novedad frente a las tragedias que tuvo Ecuador en 2016 y recientemente en Colombia y Venezuela. Hasta el reporte del lunes último, hubo 27 heridos leves, 2 164 familias damnificados (7 480 personas) y daños totales en 506 viviendas, 400 escuelas, 20 centros de salud y nueve puentes. El presidente José Raúl Mulino declaró la emergencia y reconoció que “el desastre que estamos enfrentando es grande”. Aún así, el balance contrasta con el de Venezuela y Colombia, donde los sismos recientes dejaron víctimas.

La construcción con normas sismorresistentes salvó a Panamá de tener una tragedia como Colombia y Panamá, luego del terremoto de 7.7 grados

El mérito no es solo de las normas panameñas. El epicentro estuvo cerca de La Pitaloza, una comunidad de menos de 1 000 habitantes, a 239 kilómetros de Ciudad de Panamá. La zona tiene 24 habitantes por kilómetro cuadrado y casas bajas, de una sola familia. El Servicio Geológico de EE. UU. calcula que 43 000 personas quedaron expuestas a una sacudida severa, según una publicación del diario El Colombiano. En Colombia esa cifra superó los 1,6 millones y en Venezuela rondó los 1,4 millones de personas.

El tipo de suelo también pesa. Bajo Azuero y bajo los rascacielos de la capital hay roca firme, que frena la resonancia y acorta la sacudida. La Guaira, en cambio, descansa sobre arcillas y sedimentos blandos que amplificaron las ondas el 24 de junio. Cali y Pereira, lejos del epicentro colombiano, sufrieron por una razón parecida: terrenos profundos y porosos, de ceniza volcánica y depósitos aluviales.

Nadie puede saber si el próximo terremoto será lejano o cercano a zonas pobladas. Sin embargo, lo que sí depende de las autoridades y constructores es la forma de levantar los edificios y estructuras de las viviendas. Panamá aplica el Reglamento para el Diseño Estructural Panameño, que toma como base los códigos antisísmicos de Estados Unidos y California. Esa norma obliga a instalar sensores de monitoreo en edificios de más de 15 pisos o 5 000 metros cuadrados. Con esos datos, un ingeniero sabe cómo responde la estructura y puede corregir a tiempo.

Ecuador sabe el costo de no hacerlo. El 16 de abril de 2016, un terremoto de 7.8 grados dejó 674 fallecidos en Manabí y Esmeraldas. Las investigaciones posteriores encontraron constructores que usaron arena de mar, cuya sal corroyó las varillas de hierro. No fue la única falla, pero sí una de las más fáciles de evitar.

Ecuador está en la misma franja de intensa actividad tectónica que sus vecinos, como Panamá, y el próximo terremoto no ofrecerá necesariamente la ventaja de un epicentro lejano.

La lección de Panamá no está en su suerte geográfica sino en su reglamento de construcción: exigir, medir y controlar que se cumplan las normas de construcción. Verificar el cumplimiento de la Norma Ecuatoriana de la Construcción, vigilar los materiales en cada obra y monitorear los edificios altos son tareas que no deberían esperar otro 16 de abril.

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