Tres familias ecuatorianas soltaron el control y sus hijos encontraron qué carrera seguir

Elegir carrera universitaria en Ecuador rara vez es una decisión solo del joven que va a estudiar. Tres familias ecuatorianas llegaron al mismo punto de inflexión: un hijo sin brújula, una madre con una imagen construida durante años y una pregunta que nadie sabía cómo responder. Ninguna imaginó que su historia terminaría con un joven rumbo a Alemania a estudiar ingeniería biomédica, una adolescente construyendo un portafolio en artes escénicas en Madrid y otro eligiendo música después de años tocando piano como extracurricular. Las tres atravesaron miedo, presión, ansiedad, confusión… Y las tres llegaron al mismo lugar: soltar lo que esperaban y acompañar lo que sus hijos necesitaban.

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⚠️ ¿Por qué elegir carrera universitaria en Ecuador importa más de lo que parece?

La deserción universitaria en Ecuador alcanza el 20%, según datos de la Senescyt. Ese número tiene muchas causas, pero una de las menos visibles es esta: jóvenes que llegan a la universidad cargando una decisión que no fue completamente suya. La psicopedagoga Sofía Zevallos lo observa en su práctica: hay quienes terminan fracasando en el intento de cursar algo impuesto y solo entonces buscan lo que siempre quisieron. Otros lo terminan y recién después optan, por sus propios medios, por aquello que siempre anhelaron. En cualquier caso, los años perdidos no se recuperan.

La docente de economía de la USFQ, Tatiana Macías, lo traduce a cifras: una familia puede invertir decenas de miles de dólares en cinco años de carrera universitaria contando matrícula, transporte, materiales y alimentación. Si esa carrera está saturada o no corresponde al perfil del estudiante, el retorno puede tardar décadas. Hay un costo que no aparece en ninguna factura: los años dedicados a una trayectoria que no responde a los talentos ni a las aspiraciones reales. “Ese, probablemente, es el costo más alto de todos”.

😰 El miedo que se disfraza de consejo

Natalia Chillo escuchó a su hija Karla hablar de musicales y actuación en varias ocasiones. La reacción inicial fue asumir que era una fase pasajera. “No la veíamos haciendo musicales por lo tímida y callada que era”, recuerda desde Madrid, donde la familia vive ahora.

Ella quería que Karla estudiara psicología o leyes. Le dijeron que las artes no tenían futuro económico. Karla escuchaba, se enojaba y respondía siempre lo mismo: cuando tenga trabajo, pagaré yo misma mi carrera, porque es lo que quiero. Buscaron información y encontraron que las opciones reales estaban fuera de Ecuador. Lo que cambió el enfoque fue entender, con acompañamiento profesional, que las artes escénicas eran más que cantar y actuar. Su perfil no solo académico tendía hacia esta carrera.

Karla acaba de graduarse del colegio en Madrid el 22 de mayo de 2026. Tiene 18 años y va a iniciar una formación profesional de dos años para construir un portafolio real antes de postular a la Universidad Rey Juan Carlos, que selecciona estudiantes con experiencia comprobada.

Zevallos explica que los padres empiezan a imponer cuando cierran la conversación antes de abrirla. Una frase común en Ecuador es: “Con esa carrera te vas a morir de hambre”. No es un consejo. Es un portazo.

🌀 Una madre viuda, un hijo sin brújula y una decisión sorpresiva

Gladys Torres imaginó a su hijo Raí como diplomático. Lo veía conversar con adultos, defender ideas, moverse en el mundo con una soltura que pocos adolescentes tienen. Era una imagen construida con buenas razones durante años. Pero cuando llegó el último año de colegio, Raí no sabía qué estudiar.

“Mami, me gusta la literatura, la política, la matemática, la física, la biología. Lo único que sé es que no me veo en un trabajo de oficina sentado ocho horas”, le dijo. Cuando Gladys le compartió su imagen del diplomático, él se rió: “No mami, por ahí no es”. La ansiedad llegó para los dos. Raí veía a sus amigos con planes claros y sentía, por primera vez, que no alcanzaba sus propios objetivos.

Gladys es viuda y lleva la economía familiar. El dinero estuvo presente en muchas conversaciones, pero no para empujar hacia una carrera específica sino para encontrar opciones reales dentro de lo posible. Hablaron de becas y de sistemas educativos más asequibles. Lo que Gladys hizo fue dar apoyo incondicional. Raí eligió ingeniería biomédica. Una decisión que su madre no se imaginó.

Mientras más conocía sobre la carrera, más entendía que encajaba con su hijo: matemática, tecnología, investigación y la posibilidad de mejorar la calidad de vida de otros. Hoy se prepara para estudiar en Alemania. En 10 meses alcanzó el nivel B2 en alemán de forma autónoma y refuerza bases en matemáticas y biología. Gladys no duda: “Estoy segura de que solo necesita que una puerta se le abra para brillar”.

🎵 El piano que siempre fue más que un extracurricular

María Gabriela Vasco y su esposo -él ingeniero comercial y en sistemas, ella psicóloga y psicoterapeuta- imaginaban para Aarön una carrera en relaciones internacionales o literatura. Tocaba piano desde niño, pero siempre como extracurricular. Cuando llegó al tercer año de bachillerato con una confusión que él mismo no sabía nombrar buscaron orientación profesional. “Fue un acompañamiento desde el inicio superorgánico, respetuoso”, recuerda su madre. El resultado de la evaluación los dejó sin palabras: el perfil creativo y artístico de Aarón era altísimo. Quería música. “Fue un shock porque no lo veíamos venir, no lo teníamos en el radar”. No lo coartaron ni juzgaron. Se basaron en la evaluación de Juan Carlos Peñafiel, del Escritorio de Einsten, para mirar opciones y acompañarlo.

Lo que siguió no fue sencillo. La abuelita paterna quería que estudiara medicina o algo más tradicional. La pregunta que flotaba en la familia – ¿de qué va a vivir? – nunca se dijo directamente, pero se sentía. “Tuvimos momentos duros de poder asimilar y no perder de vista el horizonte”, dice Vasco. Lo que los sostuvo fue ver cómo Aarön avanzaba con disciplina y con ilusión hacia el perfil que necesitaba para aplicar a universidades en Europa. “El miedo no desapareció. Sin embargo, se atenuó muchísimo”.

Entonces vino un giro. Aarön llevaba casi dos años preparándose en música clásica. Pero en enero de 2026 se dio cuenta de que era demasiado mecánica y poco versátil. Una revisión de su perfil confirmó que su área más acentuada era la composición musical: más creativa y con espacio para la inspiración y distintos géneros. El ajuste implicó empezar de cero. Aarön lo resolvió con un instituto en línea de EE.UU. Y en julio viaja a Buenos Aires para estudiar composición en la U. Católica de Argentina, con la mira puesta en Europa. “A futuro me veo trabajando fuera del país”. En el proceso, “tuve que abordar a mis padres, mostrar que hay muchos mitos alrededor de estas carreras y hacer a un lado los comentarios negativos que no tenían intención de aportarme algo positivo”.

💸 Lo que la presión al elegir carrera universitaria en Ecuador puede costar

Zevallos recuerda el caso de un joven al que desde temprano guiaron hacia un colegio técnico. La lógica familiar era que terminara rápido y consiguiera trabajo. Después lo llevaron a una universidad politécnica. A los pocos semestres se retiró. Había perdido un año en el colegio y luego semestres en una carrera que no era suya. Solo cuando la familia decidió escucharlo pudo hacer prácticas en una radio. Hoy trabaja en periodismo deportivo y es exitoso. “Tuvo que pasar muchos años para que comprendieran que la vocación de este joven era más fuerte que cualquier imposición”, reflexiona.

📉 El mercado que los padres no están viendo

Cuando una carrera acumula más graduados de los que el mercado necesita, los salarios se estancan o caen. Macías explica que es lo mismo que ocurre cuando hay una cosecha excesiva de maíz. Más oferta, menos valor. En Ecuador no hay estadísticas públicas suficientemente detalladas para medir la caída salarial por carrera, pero sí hay señales claras: profesionales trabajando en áreas distintas a su formación, búsquedas de empleo más largas y una necesidad creciente de especialización para diferenciarse.

Un estudio reciente de la OCDE encontró que aproximadamente siete de cada diez estudiantes latinoamericanos esperan convertirse en profesionales o directivos, una proporción muy superior a los puestos de ese tipo que existen realmente en el mercado. Las familias, dice Macías, siguen aconsejando con base en una realidad que funcionó para su generación. “El éxito profesional depende cada vez menos del nombre de la carrera y más de la capacidad de adaptarse y generar valor en un entorno que cambia constantemente”. Las carreras técnicas, añade, pueden en muchos casos ofrecer un retorno más rápido: menor inversión, programas más cortos e inserción laboral más temprana.

🧭 Orientar no es decidir la carrera universitaria

Zevallos tiene una respuesta directa para el padre que cree que sabe más que su hijo: “Sus hijos no son una extensión de sus expectativas ni de su propia historia. Son personas distintas, con intereses, capacidades y proyectos de vida propios.” Privar a un joven del proceso de decidir no es protegerlo. Es quitarle la posibilidad de reflexionar, equivocarse, aprender y construir criterio propio. La pregunta que los padres casi nunca se hacen, dice, es la más importante: ¿quién es mi hijo más allá de mis expectativas?

Vasco lo aprendió en el camino. Si pudiera volver atrás, habría prestado más atención a las señales tempranas: el piano no era solo entretenimiento, era una inclinación real que se fue definiendo. “Hubiera ganado tiempo nuestro hijo porque necesitó igualarse a lo que necesitaba cumplir.” Su consejo para los padres que están en ese proceso ahora es directo: no lo dejen para el último. Un acercamiento temprano a la orientación vocacional da una idea del perfil del hijo mucho antes de que el formulario de inscripción universitaria esté abierto en pantalla. “Busquen ayuda profesional, consulten a tiempo y estén abiertos a apoyar lo que a su hijo le gusta, le resulta fácil y divertido. La pregunta no es qué carrera conviene. La pregunta es qué le interesa.”

Gladys Torres lo resume desde otro lugar: le diría a su hijo que está bien no tener todas las respuestas a los 17 años. Habría fortalecido antes el voluntariado, el liderazgo, el aprendizaje de idiomas. Le habría dicho que Alemania era una posibilidad real y alcanzable.

📅 Todavía hay tiempo para elegir carrera universitaria

Esta semana venció el plazo de la primera etapa del Registro Nacional para postular a universidades públicas en Ecuador. Miles de bachilleres del régimen Sierra-Amazonía ingresaron a la plataforma con un formulario por llenar y, en muchos casos, con una conversación familiar pendiente: ¿qué vas a estudiar? Esa pregunta, cuando llega tarde y cargada de expectativas, tiene un costo que no aparece en el presupuesto. La segunda etapa del registro abre el 9 de junio. Hay tiempo para hacerla diferente.


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