¿El fútbol es el último vínculo?

A propósito del mundial, escucho al periodista mexicano León Krause señalar que el fútbol es el último vínculo que mantenemos los seres humanos, una especie de lenguaje universal, en un mundo profundamente polarizado.

¿A qué se refiere Krause? Me parece que, sin decirlo de manera explícita, habla del debilitamiento de los valores liberales que cimentaron las repúblicas nacidas hace un par de siglos, muchas de las cuales se enfrentan cada cuatro años por obtener el título de ‘el mejor del mundo’.

El espectáculo del fútbol, y sobre todo el mundial, permite a los espectadores vivir la emoción de pertenecer a la misma tribu –en este caso la nación– y por unos minutos trascender las diferencias de clase, raza o género, para vivir la sensación de ser parte de una misma ‘comunidad imaginada’, como diría Benedict Anderson.

Además, el fútbol provee de héroes a la nación, de ejemplos a seguir, en relación directa con una de las promesas de la modernidad: la posibilidad de movilidad social ‘a través del esfuerzo’, en este caso de una habilidad física, y no solo por herencia o privilegio.

El fútbol de selecciones es también una construcción simbólica que genera esperanzas y expectativas, mediante el juego de posibilidades con las que se puede especular respecto al futuro del propio equipo, en comparación con los demás integrantes de los grupos sorteados para seleccionar a los países que pasarán a las siguientes rondas.

En este mundo ideal, el público puede soñar en que su equipo llegue a la final e, incluso que sea el campeón, pues el fútbol aún mantiene su capacidad de ser una ilusión social, mientras las repúblicas liberales hacen aguas frente a nuestros ojos.

Pero no se puede perder de vista que no somos solo público, podemos –y debemos– mantener una actitud crítica que señale al fútbol como un espacio cruzado por estructuras de poder, en ocasiones incluso mafiosas, que preferimos obviar para disfrutar del espectáculo.