El Encomiable “Si se puede”

En medio de la profunda crisis que vive el país —marcada por una inseguridad incontrolable, un sistema de salud desarticulado, una seguridad social en agonía y una clase política empeñada en encubrir a delincuentes y malhechores—, el deporte ha brindado momentos de alegría y orgullo. En diversas disciplinas y competencias, varios deportistas ecuatorianos han alcanzado logros destacados que, aunque antes eran esporádicos, hoy se repiten con mayor frecuencia.

Jóvenes ecuatorianos, mujeres y hombres, han conquistado títulos olímpicos, regionales y mundiales, y también sobresalen en ligas y torneos de gran prestigio internacional. Marchistas, gimnastas, luchadores, boxeadores, pesistas, escaladores, nadadores, montañistas, especialistas en artes marciales, patinadores y pilotos de automovilismo nos llenan de emoción y gratitud cada vez que levantan la bandera tricolor con orgullo de vencedores.

Indudablemente el fútbol es el deporte más difundido en el mundo, se originó en Inglaterra, a mediados del siglo XIX y fue expandiéndose a países europeos, a América Latina, África y Asia, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Influyeron en su difusión la migración, la modernización de los medios de transporte y de la comunicación.

Los hermanos Wright, que estudiaron en Inglaterra, introdujeron este deporte en Guayaquil, en 1899. Se expandió a Quito en 1906.

En 1942, la selección de Ecuador participó en la Copa América, disputada en Montevideo. En ese torneo se enfrentó a Argentina, que la venció por 12 a 0.

Antes de ello, en 1938, durante los Juegos Bolivarianos, la selección ecuatoriana había sido derrotada por Perú con un marcador de 9 a 1.

Desde esos aciagos resultados, el fútbol en el Ecuador evolucionó notablemente. La presencia del entrenador Dusan Drascovic, desde 1988 hasta 1990, constituyó un hito de cambio de la selección nacional. Rompió el regionalismo y formó el equipo con los mejores futbolistas del país. Confió tanto en la potencialidad de los deportistas que expresó “si el futbolista ecuatoriano le toma al fútbol como profesión de vida y cree en su potencial, es mejor remunerado, no tengo dudas que de acá a 30 años estaremos peleando un mundial”. En efecto, la selección y los equipos de fútbol sufrieron una revolución y adquirieron una identidad que desde ese entonces proyecta a los mejores equipos como actores muy respetados de distintos torneos como Copa Libertadores, Copa Sudamericana, Copa de Campeones y a la Selección Nacional como participante en 5 campeonatos mundiales y clasificada para el próximo mundial de México, E.E.U.U. y Canadá. En el camino clasificatorio la Selección logró vencer, en ocasiones, a los potentes rivales con los que se enfrentó: Chile, Argentina, Perú, Brasil, Uruguay, si no conseguía el triunfo empataba o perdía con marcadores mínimos.

En las eliminatorias para el Mundial de Corea-Japón 2002, Ecuador venció por primera vez a Brasil por 1-0. El partido se jugó el 28 de marzo de 2001 en el Estadio Olímpico. La multitud celebró el triunfo de la selección con el ya icónico grito de “sí se puede”, que nació en ese encuentro.

Muy pocos futbolistas ecuatorianos eran contratados por equipos extranjeros. En la actualidad superan la centena de jugadores que actúan en grandes equipos de América, de Europa y Asia. La mayoría de ellos considerados como los de mejor rendimiento.

Sobresalen entre ese extraordinario grupo de ecuatorianos, muy reconocido y excelentemente remunerado, El defensa William Pacho, que ha alcanzado varios títulos con el PSG de Francia, Piero Hincapié triunfador en Alemania e Inglaterra y el medio campista del Chelsea de la premier League de Inglaterra, Moisés Caicedo, catalogado como uno de los mejores del mundo. Son ellos los embajadores que hacen sonoro el nombre de Ecuador y demuestran que con honestidad, trabajo y decisión se puede llegar a metas aparentemente inalcanzables para nuestra gente humilde que sufre por desatención, pobreza, violencia e inseguridad.

Gracias campeones, confiamos en su entrega y en su enorme calidad, para volver a contemplarles izando el tricolor y entonando las notas de la canción patria. Si se puede.