La necesidad de otorgar atención de salud a todos los habitantes ha constituido un enorme desafío para todos los países. Un considerable número de ellos ha podido estructurar sistemas nacionales de salud que, sin ser perfectos, han encontrado mecanismos que los hacen funcionales. Obviamente la construcción de estos sistemas ha contado con la integración de instituciones públicas y privadas.
En nuestro medio se ha intentado, en varias localidades y en muchas ocasiones, coordinar redes de servicio, pero el resultado ha sido insuficiente y las grandes mayorías, de gente pobre y de personas vulnerables, carecen de esa atención.
Además, los servicios que el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) presta a sus afiliados se han deteriorado gravemente debido al desfinanciamiento, la falta de medicamentos e insumos y la ausencia de una atención oportuna y adecuada para los pacientes. El riesgo de que la institución no pueda cubrir ni las pensiones ni la atención en salud de afiliados y jubilados es muy alto. Aunque desde hace aproximadamente cuatro décadas se han elaborado propuestas de reforma por parte de comisiones y entidades nacionales, extranjeras y mixtas, ningún gobierno ha tomado la decisión de aplicarlas. Como resultado, el IESS está cada vez más cerca de no poder cumplir los objetivos para los que fue creado.
Esta preocupante situación debe ser corregida con urgencia y, para hacerlo, si no se han implementado las reformas sugeridas en ocasiones múltiples, este gobierno, que ha tomado medidas nunca concretadas por gobiernos anteriores, debe actuar con la misma entereza demostrada e implementar los cambios que puedan salvar al Ias pensiones del IESS y a la salud de todos los ecuatorianos.
El avance científico y tecnológico mundial se ha convertido en un gran aliado para prolongar la vida humana y combatir con éxito muchas enfermedades que antes reducían la esperanza de vida.
Sobresalen en estos adelantos los procedimientos que permiten examinar el interior del cuerpo humano mediante endoscopías, angiografías, broncografías, coronariografías, estereotaxias, biopsias percutáneas o endoscópicas y efectuar tratamientos no invasivos con resultados mucho más satisfactorios que los que se obtenían antes de contar con estas nuevas técnicas. Desgraciadamente los insumos y materiales con los que se efectúan estos exámenes son muy costosos y los altos valores económicos no pueden ser cubiertos por la gran mayoría de pacientes y pese a que el Ecuador cuenta con excelentes profesionales que se han especializado en el exterior y que participan frecuentemente en cursos y congresos de actualización en centros desarrollados que disponen de estas tecnologías de punta, no pueden atender a todos los pacientes que necesitan estos tratamientos y muchas veces, con inmenso pesar e impotencia, tienen que convertirse en sufridos testigos de la evolución negativa de estas afecciones. No han sido raros los casos en que, ante la falta de materiales, los médicos los han adquirido, para utilizarlos en los hospitales públicos y salvar a su paciente. Una de las patologías, en la que el mundo neurorradiológico está inmerso, es en el tratamiento del infarto cerebral o ictus, en la certeza de evitar la pérdida del habla, de la movilidad o la muerte de las personas infartadas si no se extrae el coágulo que tapona la arteria e impide la llegada de sangre al cerebro y lo infarta. Se utilizan catéteres especiales y bombas o elementos de succión, muy costosos, alejados de la economía de las mayorías ciudadanas.
En otros países se han buscado soluciones para atender emergencias. En Uruguay, por ejemplo, se creó el Fondo Nacional de Recursos (FNR), financiado por los prestadores de salud, para cubrir procedimientos médicos de alta complejidad tanto de pacientes del sector público como del privado. Este fondo forma parte del sistema nacional de salud, que articula la atención pública, brindada por el Estado a través del Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), con la atención privada ofrecida por mutualistas y otros prestadores. Así, el SNIS integra ambas redes y garantiza cobertura para toda la población.
En el Brasil el sistema nacional de salud se llama SUS o Sistema Único de Salud. Es un sistema público, universal y gratuito, financiado por el gobierno. Cubre a toda la población desde la atención primaria hasta la hospitalización y se articula con estados y municipios. Los hospitales privados operan bajo contrato con el SUS.
En Colombia el sistema se llama Sistema General de Seguridad Social en Salud, o SGSSS. Es un sistema mixto con aseguramiento público y privado. Los ciudadanos se afilian a una EPS (entidad promotora de salud) ya sea del régimen contributivo (para quienes tienen ingresos) o la de régimen subsidiado (para quienes no pueden pagar). El gobierno garantiza la cobertura básica y las EPS gestionan los servicios. Hay una red pública (hospitales públicos y clínicas privadas). El objetivo es garantizar el acceso a la salud de manera universal.
Cada país tiene su contexto, no hay fórmula única, pero todos se orientan a obtener una cobertura inclusiva y universal, bajo el lema -la salud es un derecho de todos y no u bien solo para los que pueden pagar-
Es hora de abandonar la inacción heredada y que se mantiene en forma injustificada. El gobierno tiene la obligación de tomar el timón con decisión y firmeza, liderar las indispensables reformas al IESS y ordenar que el Ministerio de Salud, con el apoyo de otras carteras, entreguen al Nuevo Ecuador un Sistema Nacional de Salud y cumpla, como lo hicieron desde tiempo atrás otros países, con las necesidades de un pueblo que reclama la atención gubernamental.