Había familias que llevaban veinte años sin pisar el Centro Histórico de Quito. Decían que era peligroso, que el tráfico era un caos, que no había dónde estacionar. Desde diciembre de 2023, el Metro las trajo.
Ricardo Sánchez, director del Buró del Centro Histórico y dueño del restaurante San Ignacio en la García Moreno, lo vio desde el primer día: “La apertura del Metro marca un antes y un después. Realmente fue un cambio extraordinario.” Su estimación es que el número de visitantes se multiplicó por tres.
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Los datos respaldan esa percepción. La estación San Francisco acumula 13,3 millones de viajes entre diciembre de 2023 y abril de 2026, según la Empresa Pública Metropolitana Metro de Quito. Los fines de semana es la más visitada de toda la red, por encima de Quitumbe. Quito Turismo reporta una ocupación hotelera del 78% y restaurantes al 85% en lo que va de 2026, con un incremento del 30% en la demanda de alojamiento y gastronomía. La oferta gastronómica en el casco colonial creció entre 50% y 60% en los últimos años, según la Confederación de Restaurantes del Ecuador.
🏛️ Casas que dormían durante décadas y ahora tienen vida

En la García Moreno y Olmedo, la Casa del Marqués estuvo cerrada al público durante 15 años. El anterior dueño solo la usaba para eventos privados. La gente pasaba, miraba la fachada y recordaba que ahí funcionó la Radio Tarqui durante medio siglo. Luis Miguel, Roberto Carlos y Pimpinela tocaron en la tarima del patio central. Paulina Tamayo se presentó ahí desde pequeña.
Soraida Chico y su esposo la compraron para expandir su franquicia Chorigol y convertirla en plaza comercial. “Dios hizo un milagro”, dice. No es metáfora: compraron la casa endeudados, con tres locales arrendados de quince. Hoy tienen 10 negocios -cuero ecuatoriano de exportación, chocolates artesanales, licores locales, tés orgánicos, diseño con identidad andina, cafetería especializada en rosero quiteño- y un rincón de huéspedes con terraza desde la que se ve la Basílica cambiar de color al caer la noche.
La iniciativa no estuvo sola. A pocos pasos, en la misma calle, la Casa Santa Bárbara aloja a Runa Tulpandina, un restaurante de gastronomía andina, junto a un estudio de diseño, joyería de autor inspirada en las cúpulas de las iglesias del Centro y un artista que hace zapatos a medida. Silvana Haro, una de las socias de Runa Tulpandina, llegó antes del Metro: “El centro histórico tiene un gran potencial que no ha sido lo suficientemente explotado.” Cuando abrió la estación San Francisco, vivió el cambio en carne propia: “Nunca habíamos visto tal cantidad de gente, como ríos alrededor del metro.” En medio de estas dos casas también destaca la Casa del Higo y en donde también se explota lo gastronómico.
🍽️ La gastronomía que casi se pierde y que algunos rescatan
En la Casa Marqués, Gabriela Vallejo ganó el premio al mejor rosero quiteño de la ciudad. Pocos saben qué es: una bebida de la época colonial, preparada con agua de rosas y agua de azahar, que la gente pudiente hacía en los conventos para el Corpus Christi. “No podemos dejar perder nuestra gastronomía real”, dice desde su cafetería Los Secretos de Manuelita, donde también sirve cariucho quiteño, empanadas de morocho de tercera generación y locro aromatizado con paico.
A ese esfuerzo se suma la iniciativa privada De Vuelta al Centro. Este proyecto acompaña a 94 emprendedores del casco colonial y generó 4,5 millones de dólares en ventas en 2025 y 2026, con 442 empleos creados. El Museo del Pernil, en la Chile y Venezuela, es uno de sus casos más nítidos: creció 25% en ventas mensuales y pasó de tres a seis locales.
El turismo nacional e internacional también empieza a notar el cambio. Said Calahorrano, de Quito Sweet, en la planta alta de Casa Marqués, recibe turistas holandeses y alemanes que califican al Centro Histórico como “uno de los lugares más bonitos que han visitado en Sudamérica”.

⚠️ El precio del boom: arriendos que expulsan lo que existía
El mismo éxito que trajo el Metro tiene un costo que Sánchez describe sin rodeos. Los arriendos en el Centro Histórico se mantuvieron estables en 2023 y 2024, pero en 2025 se dispararon. Un local que costaba 400 dólares al mes pasó a ofertarse en 2 500. Otro que estaba en 2 000 llegó a 4 000. La lógica es simple: si llega alguien dispuesto a pagar el triple, el arrendador no tiene por qué negarse.
La propia Soraida Chico lo confirma desde el lado del arrendador: “A raíz del metro todo se volvió un boom. Los arriendos están muy elevados” Ella cobra 15 dólares el m2, por debajo del mercado que llegó a los 20. Lo hace a propósito: prefiere negocios que “sumen a la casa” antes que el mejor postor.
Pero no todos tienen esa posibilidad. Los negocios tradicionales -los que no tienen capital para sobrevivir el salto de precio- están desapareciendo. Sánchez lo dice con pena: las colaciones, uno de los dulces más emblemáticos de Quito, están relegadas a un rincón, sin quién las continúe. “Y se va a perder porque no va a haber quién más lo haga”. Las telas, los sastres, los almacenes de hilos que definieron la identidad comercial del Centro se van hacia el Tejar o cerrando. En su lugar llegan cadenas presentes en el norte de Quito: KFC, La Tablita del Tártaro, Krispy Cream, Pacari, cervecerías, pizzerías.
El Centro se está convirtiendo en un destino de consumo más que en un barrio donde la gente vive. La población residente cayó de 70 mil a 33 mil habitantes, según datos del Buró del Centro Histórico.
🔮 Hasta dónde llega el efecto Metro y dónde se detiene
Hay un límite físico y simbólico que varios emprendedores mencionan: la gente llega hasta la Mejía y se devuelve. La García Moreno sigue más allá, hacia la Basílica. “Tenemos que concientizar al público de que no muere la García Moreno en la Mejía”, insiste Said Calahorrano.
Silvana Haro lo ve como un desafío que el sector privado enfrenta con sus propios recursos: “Es un esfuerzo que hacemos desde lo privado por perfeccionar nuestros negocios, por capacitar al personal, por innovar. Eso ha significado que el boca a boca pueda contar de estos proyectos”. Runa Tulpandina tiene un incremento verificado del 30% en ventas desde que opera el Metro.
La Plaza del Teatro, San Marcos y La Marín siguen siendo los puntos ciegos del sistema. El Buró del Centro Histórico pidió al Municipio una estación en la Plaza del Teatro -la cavidad está construida desde el diseño original- pero la inversión nunca llegó. Sin ella, esas zonas quedan fuera de la bonanza.
El boom es real y los números lo confirman. Pero sin una política que proteja los negocios de toda la vida, el Metro podría terminar siendo el motor de una transformación que borra precisamente lo que las familias quiteñas aún va a buscar en el Centro Histórico de Quito.
- Enlace externo: Un vistazo a la historia de la Casa del Marqués
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