Quito, Patrimonio Cultural de la Humanidad, nos ofrece excelentes sorpresas. Una de ellas es la Casa del Alabado, que integra el Museo de Arte Precolombino, ubicado en el centro histórico, calle Cuenca, entre Bolívar y Rocafuerte.
Este museo construido en una residencia colonial remodelada, exhibe más de 5 000 piezas arqueológicas del Ecuador, desde 7000 años a.C. hasta la llegada de los españoles en 1530 d.C. La selección sorprende por su belleza incomparable y cubre las cuatro regiones del país, que recuerda una época trascendental de nuestra prehistoria aborigen.
Desde el ingreso, el visitante respira cultura, arte y la cosmovisión de nuestros ancestros, marcada en metales, cerámicas, piedras, conchas, textiles y maderas que expresan no solo sensibilidades relacionadas con la naturaleza y la vida, sino con la espiritualidad.
El Ecuador antiguo está allí expresado en objetos de uso ritual, ceremonial y cotidiano, elaborados por más de veinte culturas que habitaron nuestro territorio antes de la llegada de los incas, entre las que se destacan Valdivia, Chorrera y Jama-Coaque, con las famosas estatuillas, botellas, silbatos y herramientas de trabajo en metal como pinzas, cinceles y pulidores.
El recorrido -guiado por profesionales- nos lleva a entender los tres mundos que intentaban explicar la vida: Hana Pacha (el de arriba); Cay Pacha (nuestro mundo); y, Uco Pacha (el de abajo). En el primero residen los espíritus, que cuidan y protegen; en el segundo, habitado por humanos, animales y plantas; y, el tercero, espacio mágico y sagrado, donde radica la sabiduría y el poder: el mundo después de la muerte. El eje de todo es Axi Mundi -que une a Hana, Cay y Uco en un solo mundo-, y gracias a él se mantiene el equilibrio, la energía y la naturaleza, que es fuente de la vida.
La Casa del Alabado nos transporta a nuestras raíces identitarias; a reconocer el pasado y a ser testigos vivos de nuestra cultura milenaria.
Todos los ciudadanos del Ecuador debemos acudir a este museo vivo, regocijarnos de nuestra estirpe precolombina, y ser orgullosos de ella, y gracias a la custodia de esta benemérita organización, recuperar la memoria. Les invito a comunicarse con el Ecuador profundo y reaprender los saberes ancestrales. La Casa del Alabado nos espera.